Genaro.—Sí; y eso que jamás la he visto. ¿No os parece esto muy singular? Mirad, no sé por qué siento una inclinación á confiarme á vos, y voy á revelaros un secreto que aún no he comunicado á nadie, ni siquiera á mi hermano de armas, á Maffio Orsini. Es extraño descubrirse así al primero que llega; pero me parece que vos no sois para mí una desconocida.—Capitán aventurero, que ignora cuál es su familia, fuí educado en Calabria por un pescador de quien me creía hijo. El día que cumplí diez y seis años, el buen hombre me dijo que no era mi padre, y algún tiempo después, presentóse un gran señor que, después de armarme de caballero, se marchó sin levantar siquiera la visera de su casco. Más tarde, llegó un hombre vestido de negro, y entregóme una carta; abríla y supe que era de mi madre, á quien no conocía; pero que á mi entender era buena, benigna, tierna, hermosa como vos; mi madre, á quien adoraba con toda mi alma. En aquella misiva, sin darme á conocer nombre alguno, manifestábaseme que era noble, de una familia distinguida, y que mi madre era muy desgraciada.

Lucrecia.—¡Buen Genaro!

Genaro.—Desde aquel día me hice aventurero, pues siendo algo por mi cuna, quería serlo también por mi espada. He corrido toda la Italia; pero el primer día de cada mes, hálleme donde quiera, veo llegar siempre al mismo mensajero, quien me entrega una carta de mi madre, recibe la contestación y se va; nada me dice, ni yo tampoco, porque es sordo-mudo.

Lucrecia.—¿Conque no sabes nada de tu familia?

Genaro.—Sé que tengo madre, y que es desgraciada, y que yo daría mi vida en este mundo por verla llorar, y en el otro por verla sonreir. Esto es todo.

Lucrecia.—¿Qué haces con sus cartas?

Genaro.—Todas las tengo sobre el corazón. Nosotros, los hombres de guerra, arriesgamos siempre la piel, presentando el pecho á la punta de las espadas, y las cartas de una madre son una buena coraza.

Lucrecia.—¡Noble corazón!

Genaro.—¿Queréis ver su escritura? He aquí una de sus cartas. (Saca del pecho un papel, lo besa y entrégaselo á Lucrecia.) Leed.

Lucrecia (leyendo):