Febo (insistiendo).—¡Déjate abrazar!
La Esmeralda (retrocediendo más).—¡Nunca!
Febo (riendo).—¡Es chistoso esto de hallar una mujer tan hermosa y tan cruel al mismo tiempo! Quiero un beso de tus labios; ¿por qué me lo niegas?
La Esmeralda.—Porque debo negarlo. ¿Quién sabe las consecuencias que puede traer un beso?
Febo.—Pues si no me le das, voy á tomarlo yo.
La Esmeralda.—No, dejadme: no hablemos de eso.
Febo.—¡Un solo beso no es nada!
La Esmeralda.—Nada para vos; pero todo para mí.
Febo.—Mírame y te convencerás de cuánto te amo.
La Esmeralda.—¡Si apenas me atrevo á mirarme á mí misma!