La Esmeralda.—Acaso valdría más no tenerlos en ciertas ocasiones, pues cuando se ve á un caballero como vos, luego se está pensando en él largo tiempo.

Febo (aparte).—La obligación del buen soldado es cortejar á todas las mujeres que halle en su camino.

La Esmeralda (colocándose delante del capitán y examinándole con admiración).—Cuanto más os contemplo más os admiro. ¡Oh! ¡qué hermosa banda de seda con franjas de oro!

(Febo se quita la banda y se la entrega á Esmeralda.)

Febo.—¿Te gusta? Pues tuya es.

La Esmeralda.—¡Qué preciosa!

(La Esmeralda toma la banda y se la pone.)

Febo.—¡Un momento!

(Se aproxima á la Esmeralda y trata de abrazarla. Ella retrocede.)

La Esmeralda.—¡No, eso no!