Febo.—Amigos míos, Esmeralda es la más linda de las mujeres, una verdadera perfección, y me pertenece.
Claudio Frollo (aparte).—Protéjame el infierno. ¡Maldición sobre ella y sobre ti!
Febo.—El placer nos convida. No vacilemos en dar nuestra existencia por un momento de amor. ¿Qué importa morir después? Bien pueden darse cien años por una hora de goce, hasta la eternidad, por un solo día.
(Óyese el toque de queda. Los amigos de Febo se levantan de la mesa, se ciñen las espadas, se ponen las capas y los sombreros y se disponen á partir.)
Coro.—Febo, llegó la hora: ese es el toque de la queda. Vé á buscar á tu hermosa y que el cielo te guíe.
Febo.—Sí, tenéis razón: ese es el toque de la queda. Voy á visitar á mi hermosa y que Dios me guíe.
(Salen los amigos de Febo.)
ESCENA II
CLAUDIO FROLLO, FEBO
Claudio Frollo (deteniendo á Febo en el momento de ir éste á salir).—¡Capitán!