Genaro.—¿Quién es esta mujer?

Maffio.—Y ahora que os hemos dicho nuestros nombres, señora, ¿nos permitís que digamos el vuestro?

Lucrecia.—¡No, no! ¡Tened piedad, señores! ¡No delante de él!

Maffio (desenmascarándola).—Quitaos vuestra máscara, señora, que se vea si podéis aún ruborizaros.

Apóstolo.—Genaro, esa mujer á quien hablabas de amor, es envenenadora y adúltera.

Jeppo.—Incesto en todos grados. Incesto con sus dos hermanos que se han dado muerte uno á otro por amor á ella.

Lucrecia.—¡Perdón!

Ascanio.—¡Incesto con su padre, que es papa!

Lucrecia.—¡Piedad!

Oloferno.—Incesto con sus hijos, si los tuviese, pero el cielo los rehusa á los monstruos.