Los mismos, MAFFIO ORSINI, JEPPO LIVERETTO, ASCANIO PETRUCCI, OLOFERNO VITELLOZZO, APÓSTOLO GAZELLA. Señores, damas, pajes llevando antorchas.
Maffio (con una antorcha en la mano).—Genaro, ¿quieres saber quién es la mujer á quien hablas de amor?
Lucrecia (aparte, bajo su careta).—¡Justo cielo!
Genaro.—Todos sois amigos míos, pero juro á Dios que el que toque á la máscara de esta mujer será mozo atrevido. La máscara de una mujer es sagrada como la cara de un hombre.
Maffio.—¡Precisa antes que la mujer sea una mujer, Genaro! No queremos insultar á esa; queremos tan solamente decirle nuestros nombres. (Dando un paso hacia Lucrecia.) Señora, soy Maffio Orsini, hermano del duque de Gravina, al que vuestros esbirros han asesinado de noche mientras dormía.
Jeppo.—Señora, soy Jeppo Liveretto, sobrino de Liveretto Vitelli, á quien habéis hecho dar de puñaladas en los subterráneos del Vaticano.
Ascanio.—Señora, soy Ascanio Petrucci, primo de Pandolfo Petrucci, señor de Siena, al que habéis asesinado para quitarle más fácilmente su ciudad.
Oloferno.—Señora, me llamo Oloferno Vitellozzo, sobrino de Iago d’Appiani, á quien habéis envenenado en una fiesta después de haberle traidoramente robado su buena ciudadela señorial de Piombino.
Apóstolo.—Señora, habéis condenado á muerte en el patíbulo á Francisco Gazella, tío materno de don Alfonso de Aragón, vuestro tercer marido, á quien habéis hecho matar á golpes de alabarda en la meseta de la escalera de San Pedro. Soy Apóstolo Gazella, primo del uno é hijo del otro.
Lucrecia.—¡Oh Dios!