(Salen. Se les ve alejarse hacia el fondo de la plaza. Don Alfonso y Rustighello salen de su escondrijo.)
Rustighello (con la espada desnuda).—Ea, ¿qué esperáis, monseñor? No son más que dos. Encargaos de vuestro hombre y yo me encargo del otro.
Alfonso.—No, Rustighello. Van á cenar á casa de la princesa Negroni. Si estoy bien informado... (Se interrumpe y parece meditar un instante, dejando escapar después una carcajada.) ¡Pardiez! Esto favorecería todavía más mi asunto, y sería una divertida aventura. Esperemos á mañana.
(Entran en palacio.)
ACTO III
EMBRIAGUEZ MORTAL