Maffio.—¡Bien se conoce por su alegría!

Jeppo.—Espero que ya no desconfiarás de su cena.

Maffio.—¡Yo! de ningún modo; estaba loco.

Jeppo (á Gubetta).—Señor de Belverana, ¿creeréis que Maffio temía venir á cenar con la princesa?

Gubetta.—¿Por qué?

Jeppo.—Porque el palacio Negroni está contiguo al de los Borgias.

Gubetta.—¡Al diablo los Borgias y bebamos!

Jeppo (en voz baja á Maffio).—Lo que me place en ese Belverana es que no aprecia á los Borgias.

Maffio (en voz baja).—En efecto, no deja nunca de enviarlos al diablo con una gracia particular; pero, amigo Jeppo...

Jeppo.—¿Y bien?