Gubetta.—¡Venga una canción báquica, señores! Voy á cantaros una que valdrá más que el soneto de Oloferno, y juro por el cráneo de mi padre que no la compuse yo, puesto que no soy poeta ni tengo bastante ingenio para hacer que dos rimas se besen expresando una idea. He aquí mi canción, cuyo asunto es muy delicado, pues tiende á demostrar que el cielo pertenece á los borrachos.
Jeppo (en voz baja á Maffio).—Está más embriagado que borracho.
Todos (excepto Genaro).—¡La canción, la canción!
Gubetta (cantando):
Abre la puerta, San Pedro
al alegre bebedor,
que con voz robusta y fuerte
quiere cantar ¡Gloria Domino!
Todos (á coro, excepto Genaro).—¡Gloria Domino!
(Chocan las copas, riendo á carcajadas. De repente se oyen voces lejanas que cantan con tono lúgubre.)