Lucrecia.—¡Oh! ¡ya lo veo, me perdonas! Me parece leerlo en tus ojos. ¡Déjame llorar á tus pies!
Una voz (fuera).—¡Genaro!
Genaro.—¿Quién me llama?
La voz.—¡Hermano Genaro!
Genaro.—¡Es Maffio!
La voz.—¡Genaro, me muero, véngame!
Genaro (levantando el cuchillo).—Está dicho. Ya no escucho nada. ¡Señora, es preciso morir!
Lucrecia (deteniéndole el brazo).—¡Perdón! ¡Escúchame!
Genaro.—¡No!
Lucrecia.—¡En nombre del cielo!