El hombre que crease este drama debería tener dos cualidades: conciencia y genio. El autor que habla aquí, sabe ya que sólo tiene la primera; mas no por eso dejará de continuar lo que ha comenzado, deseando que otros lo hagan mejor. Hoy día, un numeroso público, cada vez más inteligente, acoge con favor todas las tentativas formales del arte; y todo lo que ahora hay de elevado en la crítica ayuda y estimula al poeta. ¡Venga, pues, el poeta! En cuanto al autor de este drama, seguro del porvenir, que progresa, y de que, á falta de talento, se le tendrá algún día en cuenta su perseverancia, fija una mirada serena, confiada y tranquila en la multitud que todas las noches dispensa aún á esta obra incompleta tanta curiosidad, interés y atención. Ante esa multitud comprende la responsabilidad que sobre él pesa, y acéptala tranquilo. Jamás pierde un instante de vista en sus trabajos al pueblo que el teatro civiliza, la historia que el teatro explica, y el corazón humano que el teatro aconseja. Mañana dejará la obra terminada por la que se ha de hacer; y saldrá de esa multitud para retirarse á su soledad, soledad profunda donde no llega ninguna influencia perniciosa del mundo exterior; donde la juventud, su amiga, se presenta algunas veces para estrecharle la mano, donde está solo con su pensamiento, su independencia y su voluntad. La soledad le será más que nunca grata, porque sólo en ella se puede trabajar para la multitud; y más que nunca tendrá su espíritu, su obra y su pensamiento alejados de toda camarilla, pues conoce algo más grande que ésta: los partidos; algo más grande que los partidos: el pueblo; y algo superior al pueblo: la humanidad.

17 Noviembre 1833.


María Tudor


PERSONAJES



Londres, 1553.