Vemos marcado en el eje horizontal, diecisiete divisiones que corresponden a los diecisiete siglos, que es la duración total del ciclo. Los primeros seis siglos y medio, corresponden a la época de gran fraccionamiento. Durante esta no existen grandes unidades políticas, es decir, naciones o imperios, tal cual los conocemos en nuestros días, sino que de hecho, cada ciudad, con la pequeña comarca que la circunda, constituye un verdadero Estado Independiente. Durante esta época y a partir de su origen (A), los pueblos siguen una vida de progreso en todos los ordenes de la actividad humana, hasta llegar a un máximo (B). El proceso evolutivo de esta primera época lo representamos por la línea ascendente que va de A a B, que coincide con el final de esta época de gran fraccionamiento.
Después ocurre un cambio político importante: los pueblos pierden su libertad política que llegaba hasta un núcleo director. Al principio, este establecerá una hegemonía de orden militar sin intervenir en la organización política interna de las ciudades, ni en sus gobiernos particulares. Se crea entonces, una organización ampliamente federal. Gradualmente, el régimen político va cambiando y el hegemónico acentúa su influencia e intervención en los gobiernos locales, y tras un proceso de unificación que dura dos siglos, vemos desaparecer los gobiernos particulares.
Las lenguas y los derechos locales son sustituidos, por lo menos en los documentos escritos, por el gobierno, el derecho y el lenguaje, del núcleo hegemónico.
A esta primera fase de la época imperial la llamaremos Fase Federal, y nos viene representada en el gráfico por la línea descendente B – C. Luego entramos en la fase unitaria de las grandes naciones o imperios.
Las ciudades que forman parte del imperio han perdido completamente la conciencia de su propia personalidad y se sienten identificadas con el núcleo hegemónico. Esta fase representa un régimen completamente opuesto al de la época de gran fraccionamiento y comprende en el gráfico la línea que va de C a D.
A partir de este momento, o sea, cuatro siglos después de haberse iniciado la época imperialista, el núcleo hegemónico empieza su desintegración. La perfecta unidad lograda empieza a desquiciarse hasta entrar en plena descomposición y sustitución del primer núcleo imperial por uno hegemónico, el cual mantendrá el régimen unitario por un espacio de cuatro siglos y medio, es decir, hasta el final de ciclo.
Los dos núcleos imperiales no presentan las mismas características. El segundo entra en escena en plena fase unitaria o absolutista. El primer imperio considera a los súbditos como ciudadanos, ya pertenezcan al núcleo imperial o a los otros pueblos que forman parte del imperio, solo con la condición de que renuncien a sus características propias y adopten la lengua y el derecho imperial.
La desintegración de este primer imperio se manifiesta, como hemos dicho, por una debilitación del poder central, por la indisciplina en el ejercito, por la guerra civil y la anarquía. Los pueblos que forman parte del imperio desean hacerse independientes y recobrar su propia personalidad. Finalmente, se produce la desintegración del imperio, pero el país cae enseguida bajo el dominio del nuevo núcleo imperial. Este actuara desde el principio como un verdadero tirano, tomara todo el poder entre sus manos, así como las riquezas, y reducirá a los antiguos ciudadanos del imperio a la condición de siervos y esclavos.
El nuevo núcleo imperial cumplirá su proceso evolutivo y entrara en fase de desintegración y descomposición. La debilitación del poder central acabara por dejar en manos de los gobernadores y subgobiernos de las regiones y ciudades, el poder, hasta llegar a la desintegración completa del imperio y a un régimen que se conoce como “Régimen feudal o de Poderes Superpuestos”. Con este, entramos en la nueva época de gran Fraccionamiento Demográfico. Comenzamos pues, un nuevo ciclo.
En el cuarto apartado de la ley, este ciclo político que acabamos de exponer, se completa en el aspecto social, artístico, filosófico y científico, o sea, que paralelamente al primero, hemos de considerar un ciclo social, artístico, filosófico y científico.