La matemática de la historia es una realidad humana. Estamos ante un hecho innegable, la puesta en orden lógico de los acontecimientos de la historia, sin la matemática pura de una derivada, de una integral o de una ecuación diferencial, pero dentro del concepto matemático de las ciencias aplicadas, en donde los resultados puros no se consiguen con el “ metro patrón “, unidad de medida modelo que esta en París que, aunque conservado herméticamente, esta siempre bajo la influencia de lo material.
Recordando un pensamiento de Platón: “ La fuerza vital nos ha sido dada por Dios, para que observando los movimientos circulares del cielo, apliquemos estos a la forma cíclica de los movimientos del reino de nuestros propios pensamientos, ya que son parientes de aquellos, con la sola diferencia de que los nuestros se ven perturbados mientras aquellos están libres de toda perturbación”.
CICLO SOCIAL
Al comienzo del ciclo advertimos un cambio notable. El antiguo pueblo reducido al estado de servidumbre ha mejorado notablemente de posición y tiene ya una pequeña participación en la cosecha. A partir de este momento, su progreso material y espiritual se va acentuando. Desde que el trabajador obtiene un beneficio de su trabajo, su interés aumenta y en consecuencia, mejora sus instrumentos, trabaja mas y la producción se intensifica.
Repitiéndose este fenómeno en todos los siervos, el resultado es un crecimiento general de la riqueza. Algunos más inteligentes o mas activos, se especializan. Nacen entonces los oficios, la industria y seguidamente el comercio. Se extiende el uso de la moneda. Así, la riqueza hasta entonces inmóvil en manos de la clase dominante, puede pasar a la clase servil y una minoría, la más inteligente, activa o afortunada, empieza a enriquecerse. Con ello hace aparición una nueva aristocracia: la de la riqueza.
Se observa que cambia la antigua división de la sociedad, dando lugar a que una parte de los antiguos siervos pasen a constituir una clase media. Una minoría de esta, enriquecida ya, formara la nueva aristocracia de la riqueza o alta burguesía. Bien pronto, la alta burguesía no se contentara con sus riquezas y querrá invertir en el gobierno de las ciudades. A partir de este momento comienza la lucha entre la nueva aristocracia y la antigua.
Esta lucha seguirá también una ley, que es la que conocemos con el nombre de “Ley de dos pasos hacia adelante y uno hacia atrás” o Ley Oscilante. En esta lucha la nueva aristocracia se encuentra apoyada por el pueblo de donde viene. Cuatro siglos después del comienzo del ciclo, la nueva aristocracia queda vencedora y el gobierno de la ciudad pasa a sus manos. A su tiempo, la clase media o pequeña burguesía, se ha organizado en gremios u oficios, y quiere también su puesto en el gobierno. Una nueva lucha comienza entre estas clases y la alta burguesía, y a través de éxitos y reveses, obedeciendo siempre a la ley oscilante, la pequeña burguesía llega al fin al gobierno de las ciudades.
En este momento todas las clases sociales intervienen en el gobierno de la ciudad, con preponderancia de la pequeña burguesía, llegamos pues al régimen democrático, con participación de todos los ciudadanos en el gobierno mediante asambleas populares. Es el gobierno del pueblo. Este se reúne en la plaza publica o en el templo. Todos los ciudadanos intervienen con su voz o con su voto, y ellos deciden la guerra o la paz, el numero de los funcionarios de la ciudad, la elección de sus magistrados. El pueblo ejerce la justicia. Esta democracia no comprende todo el pueblo, ya que una parte de la antigua clase servil queda al margen, pero la condición de los desposeídos ha mejorado sensiblemente.
Durante el régimen de democracia de las épocas de gran fraccionamiento demográfico, son los ciudadanos, por votación directa, los que resuelven todos los asuntos de la ciudad como un estado independiente.
La evolución humana no se detiene jamás. Al llegar a la cima empieza la decadencia. Observamos en primer lugar, que al interés general por los asuntos de la ciudad le sigue una gran indiferencia de los ciudadanos. Estos empiezan a cansarse de intervenir en las asambleas y en numero siempre creciente, dejan de asistir a ellas. La asamblea ve reducido cada día el numero de los asistentes. Por otra parte, un nuevo espíritu domina la vida social. Hasta entonces la riqueza se encontraba repartida, no había grandes potentados ni gran miseria. Cada uno dentro de su profesión dedicaba las horas de descanso a las manifestaciones del espíritu. Pero bien pronto, un gran deseo de enriquecimiento domina a la alta alcurnia burguesa, que en su gran mayoría continua asistiendo a las asambleas y pronto modifica las leyes para protegerse ella misma y aumentar sus riquezas.