Ni su grado de poder creador, ni sus mentalidades, ni sus religiones, pueden servir de base para llegar a deducir las causas y la evolución de los pueblos. Esta desorientación total la manifiesta Oswaldo Spengler en La Decadencia de Occidente; dice: “Una masa inabarcable de seres humanos, un torrente sin orillas que nace en el pasado sombrío, allá donde nuestro sentimiento del tiempo pierde su eficacia ordenativa y la fantasía inquieta, o el terror, evoca la imagen de los periodos geológicos, para ocultar tras ella un enigma indescifrable; un torrente que va a perderse en un futuro tan negro e intemporal como el pasado, tal es el fondo sobre el que se destaca la imagen fáustica de la historia humana. El oleaje uniforme de las innumerables generaciones estremece la amplia superficie. Refulgentes destellos surcan los ámbitos. Inciertas luces se agitan temblorosas, enturbiando el claro espejo; se confunden, brillan, desaparecen. Las hemos llamado razas, pueblos, tribus. Reúnen una serie de generaciones en un limitado circulo de la superficie histórica y cuando extingue en ellas la fuerza creadora, fuerza muy variable - que prefija a esos fenómenos una duración y plasticidad también muy variable – extinguense así mismo, los caracteres fisonómicos, lingüísticos, espirituales y la concreción histórica vuelve a disolverse en el caso de las generaciones”.
Estas palabras expresan que el fracaso en busca de una ley que ordenara la evolución de estas culturas, no podía ser mas absoluto; sin embargo, la ley existía, lo que faltaba era encontrar la variable regular y constante a todos los pueblos y a todas las culturas que la determinan.
Ni Spengler, ni Tyombee, ni todos los que han precedido al autor de la matemática de la historia en esta excursión dentro de la historia, dieron con ella, y como él mismo lo dice, es comprensible que no lo hallaran, porque la buscaban en aquellas facultades cambiantes e inestables de los hombres, partiendo de los factores de orden psicológico, intelectual o moral, porque cada uno de nosotros somos distintos. En cambio si se observa que al nacimiento de un niño sigue su crecimiento, su completo desarrollo, su vejez y su muerte, sobre estas bases si que se podría afirmar que los otros niños seguirán un proceso parecido y puede encontrarse la posibilidad de deducir una ley. Análogamente en las actividades en las cuales no se puede encontrar una ley común en el orden moral o intelectual, puede encontrarse en su aspecto biológico. Por ese camino encontró el Dr. Deulofeu la ley matemática que ordena la evolución de los pueblos y la aparición de las grandes culturas.
[LOS PRINCIPIOS MATEMÁTICO-HISTÓRICOS]
1. Las grandes Victorias Estratégicas con el dominio de las fases correspondientes a los grandes procesos agresivos. La victoria es una constante y ella es la conclusión de todo ataque. Es la fase de las Grandes Ofensivas.
2. La victoria en la defensa es una característica de la época de Gran Fraccionamiento Demográfico. Las victorias estratégicas están reservadas a la defensiva. La ofensiva con éxito solo se obtiene para practicar la defensa de la región. Es la fase de la defensa y de la contraofensiva.
3. La más fuerte debilidad estratégica es característica de la Gran Depresión.
4. La Desintegración es la fase en donde las ofensivas estratégicas son nulas para respaldar el imperio continental o intercontinental. La potencialidad estratégica es efectiva para el cuerpo imperial o nación, pero siempre nula para el segundo imperio del ciclo, es decir, cuando el pueblo va a pasar a la época de gran fraccionamiento demográfico.
5. La Conservación es una fase de mantenimiento del imperio. Cualquier operación militar en esta fase debe ser minuciosamente estudiada y analizada, incluyendo el factor medio humano. Las victorias y derrotas se alternan. Es una fase mas bien de la defensiva para mantenimiento de regiones geográficas conquistadas.
6. En la fase de Independencia Relativa, la potencialidad estratégica es igual a la de una nación, dependiendo de la capacidad militar, económica y estratégica del país.