(A Schiarrone.) Desatad al preso.
ESCENA VIII
MARIO aparece en la puerta, pálido, jadeante, casi desfallecido, apoyándose en el marco de la puerta para no caer. Se le ven dos manchas de sangre en las sienes. Floria corre hacia él; lo sostiene, lo conduce hasta el sillón, donde cae desfallecido. Schiarrone, después de cumplir la orden de Scarpia, se dirige hacia el jardín.
Floria
(Enjugándose el sudor de la frente.) ¡Amor mío! ¡Vida mía! ¡Respóndeme! ¡Mírame!
Mario
(Abre los ojos penosamente y después de una breve pausa.) Tú no has dicho nada... ni yo tampoco, ¿no es verdad?
Floria
No... No... Tú no has dicho nada. (Mario se desvanece de nuevo y Floria llora y le besa las manos. En este momento aparece Schiarrone en la arcada del fondo.)
Scarpia