Mario
¡No importa... huye... huye pronto!
Floria
Repito que no tengas temor alguno. Es natural que habiendo velado toda la noche sus gentes le dejen solo hasta la hora de almorzar, de modo que tenemos por delante el tiempo suficiente para llegar hasta Civitavecchia, donde podremos encontrar un buque que se haga a la vela, o un bote o una barca de pescadores. Cuando vean el cadáver, nosotros estaremos en alta mar, fuera de las garras de la policía.
Mario
¡Ah, valerosa Floria!... ¡Eres una romana, una verdadera romana de los tiempos heroicos! (Abrazándola.)
Floria
(Al ver que se abre la puerta.) ¡Silencio!... El Comisario.
ESCENA IV
DICHOS, COLOMETTI y SOLDADOS