Yo lo sé todo. Es mi oficio.
Floria
En esta ocasión no hay mérito alguno. Yo no lo oculto.
Scarpia
¡Tanto se merece el pintor! ¿Cómo una mujer tan buena y tan religiosa puede querer a un hombre tan pervertido, a un ateo? ¿Cómo se atreve a cambiar con él dos palabras siquiera?
Floria
Es que las dos palabras son muy dulces... «¡Te quiero!»
Scarpia
¿Y no oirá de los mismos labios esas dos palabras ninguna otra mujer?
Floria