Pero, ¡óyeme, por favor!

Floria

(Rompiendo a llorar.) ¡Ah! el miserable... el inicuo... Y yo le adoro con toda mi alma, y no vivo más que por él y para él... Sí, soy tan cobarde que le amo, le llevo en el corazón, en la sangre, en todo mi ser... Y la primera desvergonzada que llega me lo roba, y yo continúo siendo tan vil que aun sabiéndolo, todavía le quiero, le quiero más que nunca, y siento que, cuanto más me esfuerzo en aborrecerlo, le quiero con mayor ímpetu. ¿Hay en el mundo mayor infelicidad que la mía? (Cae sentada en un silla, esconde la cabeza entre sus manos y llora apoyada en la mesa.)

Mario

(Acercándose a ella amorosamente.) ¿Has acabado ya? ¿Pasó el acceso? ¿Me permites ahora que te diga una palabra? ¿Una sola? (Le coge una mano que ella le abandona, mientras se enjuga el llanto con la otra.)

Floria

(Sin mirarlo, pero con amorosa reconvención.) ¡Infame! ¡Infame! ¡Engañarme así!

Mario

Pues bien, no lo niego, aquel vestido es de la Marquesa.

Floria