No, de ningún modo, me basta tu palabra.
Mario
(Siempre sentado.) Está allí, míralo.
Floria
Si te digo que no quiero verlo. Repito que lo creo bajo tu palabra... ¡Así te haré olvidar mis estúpidos celos!... Quiero probarte que tengo plena confianza en ti y que no me queda ni la más leve sospecha... Nada, no hay nada en mí, más que un amor infinito. (Mira en rededor suyo, mientras dice estas palabras.) ¡Ah! sí, es verdad, acabo... acabo de verlo.
Mario
(Riendo.) ¡Ja! Tú eres como Santo Tomás... cuando ves las cosas... ¿Y ahora, me perdonas?
Floria
(Con seriedad.) Te perdono.
Mario