(Levantándose.) ¿Las injurias que me has dirigido? Muchas gracias.

Floria

(Levantándose y siguiendo detrás de él.) Tienes razón. No eres tú, sino yo, quien debe pedir perdón... Tú arriesgas la vida por salvar a un infeliz, ¡Qué bueno y qué generoso eres!... ¡Mejor que yo... mucho mejor!... Por eso debes ser indulgente con esta cabeza loca, loca por culpa tuya... Sí, te amo de tal modo, que he perdido la razón. ¡Tú no sabes cuánto te quiero y de cuántos sacrificios sería capaz! ¡Ah! ¡si tú me quisieras de igual manera!

Mario

(Cogiéndole las manos.) Yo te quiero con toda el alma. Pero ahora, es preciso que me dejes.

Floria

¿Dejarte ahora? ¡Soy tan feliz en este momento! (Pausa.) ¿Se quedará aquí ese hombre?

Mario

¿Angelotti? Naturalmente. Toda la noche, por lo menos; al amanecer procuraré que salga fuera de la ciudad por el río.

Floria