Termina con esta suscripcion:

Finito libro sit laus et gloria Christo,

Qui scripsit scribat, semper cum Domino vivat,

Vivat in cœlis hic scriptor mente fidelis,

Sint adjutores cœlesti habitatores:

Martinus Sanctii vocatur: qui scripsit benedicatur.

Et fuit perfectus XVIII Junii anno Domini

1442.

Doña Isabel la Católica poseyó en su Biblioteca[3] «un libro de romance de papel, que son las Enéidas de Virgilio, glosado un pedazo, de D. Enrique de Villena, con unas coberturas de tabla, guarnecidas en carmesí aceituní de pelo, con unas flocaduras al derredor de seda verde é oro, bordadas en la una parte de las armas de Diego Arias con unos tejillos verdes de cobre dorado.»

Insensatez sería buscar en esta version rastro ni sombra de la poesía del original. Aun en cuanto á fidelidad deja harto que desear, así por descuidos y malas inteligencias del traductor, como por las estragadas copias que hubo de tener á la vista. Pellicer notó ya el desatino de traducir, v. gr., el Tu das epulis accumbere Divum, por Tú eres aquella que das viandas á comer á los dioses. Pero no abundan estos lapsus tanto como pudiera creerse, ni tuvo razon Ticknor para censurar tan ágriamente como lo hace el capítulo I del primer libro (que es la parte publicada por el mismo Pellicer), juzgando por ella que «el Marqués sabía poco latin.» A la verdad, aquel trozo puede traducirse con mucha más elegancia, pero no con más exactitud. Hasta hay frases felices: «ira recordante» memorem ob iram, que dice el Mantuano.