LXXXIX.

Miéntras en vano así Niso clamaba,

Ya la amenazadora punta llega,

Y al costado de Euríalo se clava

Y el tierno pecho le destroza ciega.

Cae el triste, y la vida se le acaba:

Roja sangre sus blancos miembros riega,

Y, doblándose lánguida, reposa

Sobre los hombros la cerviz hermosa.

XC.