Y la despide, como astil que pasa,

Por hábil mano disparado, al viento:

Todas la imitan; la onda apénas rasa

Alígera la flota. El gran portento

Al punto Enéas vió con mente absorta;

Fausto agüero le juzga, y se conhorta.

LIV.

Y á la celeste bóveda serena

Vuelto, «¡Oh del Ida alma Deidad!» exclama;

«Madre que honras el Díndimo, y almena