Tornó á mirar, y con doliente grito

Entrambas manos hácia el cielo extiende:

«¡Omnipotente padre! ¿Qué delito

Cometí, que tu saña así se enciende

Y mal tan grande sobre mí concito?

¿Qué es de mí? ¿dónde estoy? ¿Qué fuerza nueva

A dónde, en fuga, y como quién me lleva?

CXLIII.

»¿Acaso hácia Laurento rumbo sigo?

¿Ó volveré por suerte á mis reales?