»No ya que vuelva por la fe de esposo
Ni á ese Lacio renuncie tan querido,
Que le costara asaz, pedirle oso,
Tiempo (nada le cuesta) es cuanto pido!
¡Tregua al dolor, momentos de reposo
Dé, en que el pecho á sufrir se avece herido!
Esto ruego; sé, hermana, compasiva;
Haz esto, y soy tu esclava miéntras viva.»
LXXXVII.
Tal la triste con lágrimas decia;
Tal á Enéas con lágrimas la hermana
Habla, y vuelve, y retorna, y su porfía
(No hay con él argüir) fatiga es vana;
Que ni por llantos su intencion varía,
Ni á ruegos ya su voluntad se allana;
Rigor del hado: al penetrar su oido
Embota un Dios la fuerza del gemido.
LXXXVIII.
Cual recio, antiguo roble á quien trabada
Legion de vientos en el Alpe embiste;
Braman; cruje la rama atormentada
Y de hoja el suelo en derredor se viste;
Mas él, asido de peñascos, nada
Teme, y á opuestos ímpetus resiste,
Y el cielo con su copa hiriendo altiva,
Con raíz honda en el Averno estriba;
LXXXIX.
Él así de querellas golpeado,
Cuando su angustia divertir no pueda
Tenaz resiste de constancia armado;
Inútil llanto de los ojos rueda.
Mas Dido, á quien temblar hace su hado,
Morir quiere que el cielo la conceda;
Ni la bóveda espléndida celeste
Torna á mirar sin que pesar le cueste.
XC.
Fortuna, que en su daño se encruelece,
Porque su infausto fin seguro sea
Hace que á tiempo que devota ofrece
Dones en la ara do el incienso humea,
Note el agua lustral que se ennegrece
Y en sangre el vino corromperse vea.
¡Oh vista horrible! Atónita, confusa,
Áun á su hermana declararlo excusa.