XIX.

Con esto de las lóbregas regiones
Salvos los manes de su padre evoca;
Y, todos imitando sus acciones,
Hace cada uno lo que hacer le toca:
Quién acude al altar con oblaciones,
Ó en órden á la lumbre ollas coloca;
Quién en la hierba víctimas destriza,
Quién tuesta entrañas ó la llama atiza.

XX.

Ya los caballos de Faeton lozanos
Traen sereno el deseado dia:
Con el nombre de Acéstes, montes, llanos
El anuncio feliz corrido habia;
Y así acuden los pueblos comarcanos
En tropel rebosante de alegría,
Ya á ver los espectáculos propuestos,
Ya el prez tambien á disputar dispuestos.

XXI.

En medio el circo iluminó la aurora
Copia de premios á los ojos grata;
El verde ramo y palma triunfadora,
Preciado honor del que mejor combata:
Y armas, trípodes, vestes que decora
Purpúreo ardor, talentos de oro y plata;
Y de alto sitio súbito la trompa
Manda sonando que la lid se rompa.

XXII.

Y á par la rompen con igual arreo
Cuatro naves selectas en la armada:
Con remeros briosos, por Mnesteo
Va la rápida Priste gobernada
(Mnesteo, á quien despues ítalo veo,
Del cual, ¡oh Memio! descender te agrada):
Guias toma á su cargo la Quimera,
Que ciudad, más que nave, se creyera:

XXIII.

En triple órden de remos á ésta mueve
Con gran vigor la juventud troyana:
Sergesto generoso (á quien le debe
La gente Sergia su renombre ufana)
El gran Centauro á dirigir se atreve:
Cloanto (á quien por tronco la romana
Familia de Cluento reconoce)
La Scila azul turquí monta veloce.