Con lágrimas Anquíses respondia:
«¿Quieres anticipar de los Romanos
El eterno dolor? Fortuna un dia
Ese jóven mostrando á los humanos
Tornarále á ocultar en sombra impía.
Tal vez, tal vez, oh Dioses soberanos,
Si este dón inmortal nos franqueara,
El trance vuestra diestra recelara!
CLXXV.
»Del Campo Marcio á la romana plaza
¡Cuántos gemidos herirán los cielos!
Y si ya tu onda su sepulcro abraza,
¿Qué, oh Tibre, no verás de acerbos duelos?
Ningun mancebo de troyana raza
Tanto alzará, como él, de los abuelos
Latinos la esperanza; hijo más bueno
Nunca otro criarás, Roma, á tu seno.
CLXXVI.
»¡Oh tipo de fe antigua y piedad rara!
¡Oh, qué brazo invencible en lid guerrera!
Ninguno, si viviese, le retara
Impune, ó ya á pié firme combatiera
Ó caballo brioso espoleara.
Mas ¿qué suerte llorosa no le espera?
¡Ah! lograses trocar males por bienes!
Tú un Marcelo serás, sombra que vienes:
CLXXVII.
»Azucenas me dad con mano larga;
Que, á ilustre nieto fáciles honores,
Cortos alivios de esparanza amarga,
Quiero esparcir sobre su frente flores.»
Dice, y la voz en lágrimas se embarga.
Tal los campos hollando encantadores
En que benigna luz mágica oscila,
Míranlo todo el héroe y la Sibila.
CLXXVIII.
Y luégo que hubo el padre al hijo atento
Aventuras y sitios explicado,
Avivando en su pecho el patrio aliento
Y ambicion santa de futuro estado,
Nuevas guerras le anuncia, de Laurento
Pueblos y muros do le cita el hado:
Y maneras le enseña como eluda
Ya caso extraño, ya fatiga ruda.