XCV.
Enéas adelante á Aquíles halla
Volviendo, á trueco de oro, el insepulto
Cadáver que en redor de la muralla
Tres veces arrastró con fiero insulto:
Hondo gemido de su pecho estalla
El muerto amigo viendo allí de bulto,
Y el carro vencedor y los despojos,
E inerme suplicando el Rey de hinojos.
XCVI.
Él mismo en noble puesto allá campea
Par del negro Memnon, que con su banda
De Oriente, cierra. Al fin Pentesilea
Las huestes amazónicas comanda
De corvo escudo: el cíngulo rodea
Aureo so el pecho descubierto; y anda
Furiosa entre los gruesos escuadrones,
Y hembra y todo, armas hace con varones.
XCVII.
Miéntras con viva admiracion encuentra
Tales cuadros el héroe, y cada asunto
Le detiene, y la vista reconcentra
Luégo y la admiracion toda en un punto;
Dido, la hermosa Dido al templo entra,
La cual doquiera penetrando, junto
Con damas de copiosa comitiva,
La labor colosal risueña activa.
XCVIII.
Tal del Eurótas por la vega umbría
Ó ya del Cinto por el halda amena,
Gentil Dïana leves coros guia
Y la aljaba pendiente al hombro suena.
Ninfas en torno agrúpanse á porfía,
Y á todas ella en majestad serena
Se aventaja al andar: delicia vaga
El seno de Latona oculta halaga.
XCIX.
Ya á las puertas la Reina se presenta
De do la Diosa estableció morada,
Y en el trono magnífico se asienta
Que el ámbito promedia de la arcada:
Rodéanla sus guardias: ella, atenta,
En dar la ley y hacer la paz se agrada;
Y ya á cada uno igual la carga mide,
Ya, echando suertes, la labor divide.