C.

Mas entre inmensa multitud, que en esto
Ansiosa al paso acude, al templo santo
Ha columbrado Enéas que Sergesto
Y Anteo viene, con el gran Cloanto,
Y otros que oscuro el Ábrego interpuesto
Lanzó á playas distintas. Con espanto
Entremezclado de alborozo vivo,
Ven los dos del embozo el fausto arribo.

CI.

Y aunque las manos estrechar anhelan,
Mas lo raro del caso los detiene,
Y en la cóncava nube se cautelan,
Do á los que llegan atender conviene,
Que dó surgieron digan, ó qué apelan,
Pues embajada forman en que viene
De cada nave un noble personaje,
Y audiencia al paso claman y hospedaje.

CII.

Como entraron, y el real asentimiento
Logrado hubieron de que alguno hable,
«¡Salve, oh Reina!» empezó con grave acento
Ilioneo, entre todos venerable:
«Tú, á quien fundar concede ilustre asiento
Jove, y justa regir gente intratable,
Hijos de Troya ves, ya há largos años
Agitados en piélagos extraños.

CIII.

»Hoy de incendio amenaza gente osada
Nuestros bajeles: tu poder lo impida!
De un pueblo religioso te apïada
Que con su historia tu amistad convida!
No á hacer riza venimos por la espada
En comarca á tu imperio sometida,
No á la costa á volver con rica presa;
Ni es de vencidos tan soberbia empresa.

CIV.

»Hay de antiguo un país, con apellido
De Hesperia por los Griegos señalado,
Pueblo en trances de guerra asaz temido,
Tierra asaz grata á la labor de arado:
Fué primero de Enotrios poseido;
Y hora Italia se nombra, por dictado
De famoso caudillo procedente,
Si ya constante tradicion no miente.