CV.
»Bogaban para allá nuestros navíos
Cuando Orïon, que cóleras desata,
Surge infausto del mar, y entre bajíos
Con subitáneo golpe nos maltrata;
Y servido á placar de austros impíos,
Entre espuma y fragor nos arrebata
Por todo el mar. Muy pocos, cuasi á nado
Habemos á tus costas arribado.
CVI.
»Mas ¿qué raza cruel, señora, es ésta?
¿No rige ley que su barbarie elida?
Que áun no bien nos divisa, á lid dispuesta,
Conjúrase á estorbarnos la acogida
Que á náufrago infeliz la arena presta.
Oh! si á hombre no temeis que cuenta os pida,
Que hay Dioses recordad que nunca mueren,
Y premian la virtud y al crímen hieren!
CVII.
»Rey nuestro fué, de príncipes modelo,
Enéas, que otro igual no vió la tierra,
Quier en la paz por su piadoso celo,
Quier por su brazo poderoso en guerra.
Que si áun aura vital le otorga el Cielo,
Si hado adusto en tinieblas no le encierra,
Acabóse el temor, y á ti en agrado
Vendrá, fio, el favor anticipado.
CVIII.
»Mas oye: en la poblada, en la guerrera
Comarca siciliana poseemos
De Acéstes el favor, que en ella impera.
Y troyana es su sangre. Que arrimemos
Nuestros restos, consiente, á la ribera,
Y en tus bosques cortar tablaje y remos,
Y á Italia iremos, nuestro Rey al frente,
Si salva el hado vuelve nuestra gente.
CIX.
»Mas si ya feneció nuestra ventura;
Si ya, ¡oh amado Rey de los Troyanos!
Te dan líbicas olas sepultura,
Ni á Ascanio logran nuestros votos vanos;
Buscaremos siquier mansion segura
Navegando á los términos sicanos,
De do ya nuestra flota el vuelo alzara,
Que allí Acéstes bondoso nos ampara.»