CX.

Dice, y todos barbotan de consuno
Oscura frase que el asenso explica;
Y con modestia y dignidad en uno
La culta Reina al orador replica:
«¡Troyanos! desterrad el que importuno
Vago recelo el alma os mortifica:
Mis fronteras guardar por fuerza debo;
Dura es mi situacion, y el reino es nuevo.

CXI.

»Mas ¿quién no sabe á Troya y sus varones?
No de tantas virtudes el tesoro,
Los nombres de tan nobles campeones,
Ni ya esa guerra gigantesca ignoro:
No solemos los Penos corazones
Tan incultos llevar; ni al carro de oro
Sus caballos el Sol tan léjos ata
De una ciudad que vuestra gloria acata.

CXII.

»Quier vuestro anhelo la region prefiera
De Hesperia, y campos que Saturno escuda;
Quier la de Érice os llame lisonjera,
A do el favor de Acéstes os acuda;
Doquiera ir presumais, ireis doquiera
Seguros con mi amparo y con mi ayuda.
¿O hacer mansion conmigo os acomoda?
Esta ciudad que fundo, es vuestra toda.

CXIII.

»Meted la flota: un mismo tratamiento
Tendrá el Teucro en Cartago y el de Tiro.
Y ¡oh si arribase con el propio viento
El héroe que nombró vuestro suspiro!
Pues yo daré á emisarios mandamiento
Que exploren la comarca en largo giro,
Por si, náufrago Enéas, mueve acaso,
Ó en selva ó en poblado, incierto el paso.»

CXIV.

De la arenga tocados, rato habia
Los de la nube ansiaban salir fuera;
Y, á Enéas vuelto, Acátes le decia:
«Falta el que hundirse viste en la onda fiera;
Cúmplese en lo demas la profecía,
Hijo de Vénus, que tu madre hiciera:
¿Qué aguardas?» Suelta en esto se evapora
La opaca nube en la aura brilladora.