»Como vientos alígeros que en roto
Torbellino se encuentran frente á frente,
Y Zéfiro combate, y Euro, y Noto,
—Euro, que en sus bridones del Oriente
Va ufano;—y gime estremecido el soto,
Y, de espumas cubierto el gran tridente,
Nereo en su furor no da reposo,
Y mueve desde el fondo el mar undoso:

LXXXII.

»Así brama, con fiera arremetida
Correspondiendo á nuestro audaz embate
Caterva que á vengar salta ofendida
De la doncella el súbito rescate:
Ayax violento, y uno y otro Atrida,
Y los Dólopes todos. En combate
Entran tambien los que esparcido habia
Por la oscura ciudad nuestra artería.

LXXXIII.

»Tornan éstos á hallarnos cara á cara,
Y el habla que nos oyen diferente
El disfraz de las armas les declara.
Al número sucumbe, en fin, mi gente.
Peneleo á Corebo al pié del ara
Inmoló de la Diosa armipotente;
¡Ay! de los suyos recibiendo heridas
Rinden Dímas é Hípanis las vidas.

LXXXIV.

»Ni tu piedad ni el apolíneo velo
Te hurtaron, Panto, á la enemiga hueste;
Y el justo, el santo del troyano suelo,
Rifeo, cae, sin que amparo preste
A su virtud (¡misterio grande!) el Cielo.
Conmigo Ífito y Pélias quedan: éste
Mal herido de Ulíses, tardo el paso;
Esotro por la edad de fuerza escaso.

LXXXV.

»Con ellos en forzosa retirada
Abandoné la desigual porfía.
¡Oh pira extrema de mi Patria amada,
Sacras cenizas de la gente mia!
Testigos sed que en la infeliz jornada
Tanto arrostré cuanto arrostrar debia,
Y, á consentirlo el fallo de la suerte,
Ganara por mi mano honrosa muerte.

LXXXVI.