»Torcemos al estruendo sin tardanza
Al palacio del Rey, do tan horrenda
Refriega hallamos, cual si aquella estanza
Fuese el único campo á la contienda;
¡Tal era el brío y la marcial pujanza!
¡Así en masa á los Griegos estupenda
Precipitarse vemos, y la entrada
Asediar bajo densa empavesada!

LXXXVII.

»De un lado y otro el edificio ascienden.
Por pilares y escalas; con los brazos,
El escudo al izquierdo, se defienden
De pedradas sin cuento y saetazos;
Suelto el derecho, en el remate prenden
Del edificio altísimo. En pedazos
En tanto los troyanos campeones
Las techumbres derruecan y bastiones.

LXXXVIII.

»De tales armas su defensa fian,
Áureas trabes lanzando en su despecho
Que de antiguos monarcas dado habian
Noble decoro al admirado techo.
Otros abajo á resguardar se alían
Las puertas, y tras ellas en estrecho
Grupo, puñal en mano, se aglomeran,
Y apercibidos la avenida esperan.

LXXXIX.

»Al palacio escalado se convierte
Mi atencion toda: diligente acudo
A esforzar á quienquier se desconcierte
Y alientos dar contra el asalto crudo.
Un portillo hubo atras, que á buena suerte
Al ciego sitiador hurtarse pudo;
Tras él los tramos del palacio unia
Tránsito oscuro, oculta galería.

XC.

»Por allí sola Andrómaca en su duelo,
Cuando áun cetro empuñaba el Rey anciano,
Ir solia á sus suegros, y al abuelo
Llevaba el hijo tierno de la mano.
A entrar por allí mismo ahora yo vuelo;
Calo el postigo, y la eminencia gano,
Do abajo (¡vano ardor!) los Teucros echan
Cuanto á la mano ven, cuanto destechan.

XCI.