»Al raso en medio del palacio habia
Ancho altar, y por cima un lauro anciano
Asombrando á los Lares, descogia
Denso follaje de verdor lozano.
Hécuba en la marmórea gradería
Con sus hijas los Dioses ciñe en vano,
Bien cual palomas que en bandada avienta
El repentino són de la tormenta.

CII.

»Como á recursos el Monarca apele
Ya ajenos á su edad, «¿Qué desvarío,»
Hécuba clama, «á perdicion te impele?
»Hoy de mi Héctor la fuerza y poderío
»Fuera en vano; pues ¿qué ese brazo imbele
»Hará en el caso extremo? Esposo mio,
»Vén: este altar refugio á todos sea,
»O á todos juntos sucumbir nos vea.»

CIII.

»Dice; á su lado le reduce, y puesto
Sobre las losas á ocupar le obliga.
Desacordado y jadeante, en ésto,
Polítes, de ellos hijo, á quien hostiga
Pirro desaforado, el pié, tan presto
Como lo sufre su mortal fatiga,
Por los vacíos atrios acelera,
Y señala con sangre su carrera.

CIV.

»Ya con la pica por detras le toca,
Ya entre las manos el cruel le mira,
Cuando en faz de sus padres desemboca,
Y dando en tierra ensangrentado espira.
El venerable viejo, á quien provoca
El duro lance á generosa ira,
No en lo sumo del riesgo el labio sella,
Mas respetos y amagos atropella:

CV.

«Si justo el cielo de los hombres cura
»Darános,» dice, «por tamaña ofensa,
»A mí venganza á colmo; larga y dura
»A tí la merecida recompensa!
»Poner te place al padre en angostura
»De ver caido al hijo sin defensa,
»Y no acatando encanecidas sienes
»A darle en rostro con su sangre vienes.

CVI.