»Mi padre así tendido en tierra dijo;
Y vanamente en lágrimas bañados
Yo, mi Creusa, mi inocente hijo,
Todos le suplicamos apiñados
No así mal tanto consumase, fijo
En afrontar los inminentes hados;
Mas él, sordo al solícito lamento,
Mantiénese en su puesto y firme intento.
CXXVII.
»Torno á las armas, y el arnes requiero,
Y á morir batallando me preparo;
Ni más alivio á mi dolor espero,
Ni otra salida, ni mejor reparo.
«¡Oh padre mio!» en mi dolor profiero;
«¿Y pudiste idear que en desamparo
»Te abandonase por salvarme? ¿Agravios
»Vierten cual éste paternales labios?
CXXVIII.
»Si es que completa asolacion previene
»A Troya el Cielo en su insaciable enojo,
»Si la medida quieres que se llene
»Con nuestros restos, cumplirás tu antojo
»Ya vendrá Pirro; franco el paso tiene:
«Pirro con sangre del Monarca rojo,
»De cuyo brazo matador no ampara
»Ni al hijo el padre, ni al anciano el ara.
CXXIX.
»¿Y á ésto sólo me sacas, alma Dea,
»Salvo por medio del adverso bando?
»¿A que testigo en mis hogares sea,
»No ya en la lid, de su rencor infando?
»¿A que, uno entre la sangre de otro, vea
»Hijo, padre y esposa agonizando?
»¡Al arma! ¡al arma! ¡La postrera hora
»Llama al vencido, amigos, vengadora!
CXXX.
»¡Tornar dejadme á la ardua lid! Mi diestra
»Renovará el conflicto: al fin, vengada
»Corra, si ha de correr, la sangre nuestra.»
Dije, á la cinta acomodé la espada,
Y el escudo embrazando á la siniestra,
Ya iba á salir, cuando mi esposa amada
Se echa á mis piés en el umbral de hinojos,
Y nuestro dulce hijo alza á mis ojos.