XLVI.

«Vinisteis á matar nuestros rebaños,
»¡Hijos de Laomedon! ¡manos impías!
»Y en guerra, de sus patrios aledaños
»Quereis lanzar, sin culpa, á las Arpías!
»¡Pues oid y temblad horribles daños!
»Catad lo que os anuncio en profecías
»La mayor de las Furias: trasmitiólo
»A Febo Jove, y á Celeno Apolo.

XLVII.

»Buscais á Italia con errante quilla,
»Y cierto que con vientos aplacados
»Ireis á Italia, y cobrareis la orilla
»Que os disputan benévolos los hados;
»Mas no podreis la deseada villa
»Ceñir, sin que á expiar desaguisados
»Con fuerza ántes os mueva el hambre aciaga
»Tal, que áun las mesas devorar os haga.»

XLVIII.

»Dijo, y al bosque aleteando vuela.
Á influjo de su voz mis compañeros,
A quien la sangre de terror se hiela,
Con el brío deponen los aceros.
Ya con votos, con súplicas se apela
A pedir paz y á deshacer agüeros,
Ora malvadas y aves ominosas
Sean aquellas, ó terribles Diosas.

XLIX.

»Y vuelto Anquíses hácia el mar, las manos
Extiende, y con solemnes sacrificios
Los Númenes invoca soberanos:
«¡Dioses!» clama, «¡torced tales auspicios!
»¡Dioses! ¡tales anuncios haced vanos!
»¡A un pueblo justo defended propicios!»
Dice, y cables soltar en el momento
Manda, y las lonas descoger al viento.

L.

»Cumplióse lo mandado; y ya hincha el Noto
Las velas que á sus soplos confiamos;
Merced suya, y en manos del piloto,
Entre espumosas ondas navegamos:
Zacinto se aparece, ameno soto,
En medio de la mar: Duliquio, Sámos;
Ardua y fragosa Néritos se ostenta,
Ítaca con escollos fraudulenta.