LI.
»Huimos de ellos, y del patrio clima
De Ulíses maldecimos. Adelante
Léucates yergue su nublosa cima,
Apolo hace temblar al navegante.
Allá torcemos: fatigada arrima
A la humilde ciudad la flota errante;
Ya á proa el marinero anclas arroja;
Ociosos cascos la ribera aloja.
LII.
»En no soñado asilo aras enciendo
Do mis votos á Júpiter desato;
Y en tierra de Accio, celebrar emprendo
Juegos de Frigia. El patrio pugilato
Todos, desnudo el cuerpo, el cuerpo ungiendo,
Renuevan con ardor. Recuerdo es grato
Haber vencido riesgos y fatigas
Entre tantas ciudades enemigas.
LIII.
»El sol á la sazon su añal carrera
Concluia, y con hálitos glaciales
El cierzo aborregaba la onda fiera.
Fijé á un poste, del templo á los umbrales,
Combo escudo que el grande Abas trajera,
Y del caso en memoria, letras tales:
Monumento ganado á las aqueas
Triunfantes huestes: consagrólo Enéas.
LIV.
»Llamé al remo; y dejamos, con suspiro
Del batido oleaje, las arenas;
Pronto las cumbres de Feacia miro,
Y tórnanse á esconder, vistas apénas.
Llegamos al Caonio puerto, á Epiro
Costeando, y pedimos las almenas
Excelsas de Butroto. Aquí una nueva
Dichosa hallamos que increible eleva.
LV.
»Oigo que en griego territorio impera
Heleno, hijo de Príamo, debido
A ser de la vïuda y heredera
De Pirro, nieto de Éaco, marido;
Que así el antiguo rango recupera
Andrómaca. Turbado, conmovido,
De amor llevado, de ansiedades lleno,
La playa dejo y flota, y voy á Heleno.