LXXVI.

»El voto entónces cumplirás, la frente
»Cubriendo en torno de purpúreo velo,
»No sea que ante el fuego sacro, ardiente
»En honor de los Númenes del Cielo,
»Hostil presencia, súbito accidente
»Al rito dañe. Con piadoso celo
»Guardad esta costumbre los Troyanos;
»La guarden vuestros nietos más lejanos!

LXXVII.

»Ya que al confin te impela siciliano
»El viento, y de Peloro el paso estrecho
»Más ancho mires cuanto más cercano,
»Entónces rodeando largo trecho
»El rumbo sigue hácia la izquierda mano;
»Trata el siniestro lado, huye el derecho;
»Y vé en ese pasaje tú y pondera
»Cuál la avanzada edad todo lo altera.

LXXVIII.

»Eran en uno entrambos continentes;
»Mas vino el mar con ímpetu y rüina
»Y con sus olas separó rugientes
»De la sícula costa la vecina.
»Opónense de entónces diferentes,
»Y opresa en el canal la onda marina,
»Tal vez muros, tal vez fértil campaña,
»Acá y allá con sus espumas baña.

LXXIX.

»El paso asedian, por el diestro lado
»Scila, Caríbdis en la parte opuesta:
»Tres veces en su abismo exacerbado
»Las aguas con hervor se sorbe ésta,
»Y escúpelas al Cielo de contado;
»Miéntras de oscura cavidad repuesta
»Saca por tiempos la ancha boca aciaga
»Scila entre escollos y los buques traga.

LXXX.

»Es humano su aspecto, y peregrino
»Le lava un seno de mujer la ola;
»Monstruo en el resto osténtase marino,
»Vientre de lobo y de delfin la cola.
»Doblar prefiere el cabo de Paquino
»En tarda vuelta, á ver una vez sola
»Al encorvado semipez horrendo,
»Con sus canes cerúleos y alto estruendo.