LXXXI.
»Tú, si fias de Heleno, ¡hijo de Diosa!
»Si de Apolo el oráculo obedeces
»Que Heleno anuncia, áun óyeme: una cosa
»Te intimo y te encarezco una y mil veces:
»Que hábil de Juno triunfes poderosa
»Con votos y con dones y con preces:
»Triunfante has de ir, porque seguro vayas
»Las sículas dejando, á ítalas playas.
LXXXII.
»Verás, llegando á Cúmas, los sagrados
»Lagos, y Averno que entre bosques suena;
»Y cantando una maga ocultos hados
»En hueca roca, de entusiasmo llena:
»Nombres ésta y carácteres grabados
»En hojas tiene; lo que grava ordena;
»Y el antro aquel las misteriosas notas
»Guarda, cada una en su lugar, inmotas.
LXXXIII.
»El órden luce en la mansion tranquila;
»Mas si gira la puerta, y cala el viento
»Y entre las hojas frágiles oscila,
»Que caducas esparce con su aliento,
»Ni sus versos recuerda la Sibila,
»Ni á adornar torna el cóncavo aposento
»Con las reliquias; y si ansioso vino,
»Maldiciente se aleja el peregrino.
LXXXIV.
»Guarte no allí te asuste útil demora:
»Ten calma, aunque los tuyos te den prisa,
»Aunque el rumbo marcando bullidora
»Haga fuerza á los mástiles la brisa;
»Ten calma, y los oráculos implora,
»Acude á consultar la profetisa,
»Que persuadida de tus ruegos ella
»Cantará los semblantes de tu estrella.
LXXXV.
»Y los pueblos, y gentes venideras
»De Italia te dirá, guerras futuras;
»Y de llevar te enseñará maneras,
»O tal vez de eludir fatigas duras;
»Caminos te abrirá, si la veneras,
»Y prósperas hará tus aventuras ...
»No me es lícito más. Vé ahora, y constante,
»A Troya al Cielo tu virtud levante.»