»En tanto á la Deidad en los altares
Inclina en tu favor con sacrificios,
Miéntras al extranjero en tus hogares
Obligas con benévolos oficios.
Causas proponle de aguardar: los mares
Agitados de vientos impropicios,
La flota inhábil para alzar el vuelo,
El pluvioso Orïon y ambiguo el cielo.»

XII.

Ana habló así; y el reprimido fuego
Torna de Dido en llamas encendidas,
Y en esperanzas del amor más ciego
Las timideces de pudor nacidas.
Juntas, altares visitando, el ruego
Cantan de paz, y ovejas escogidas
Ofrecen, segun rito, á Febo, á Céres
Que leyes da, y al Dios de los placeres

XIII.

Más que á todos á Juno, la que enlaza
Cuellos de amantes con feliz cadena,
La Reina acude, y si ofrecerle traza
Blanca novilla, que inmolar ordena,
Entre uno y otro cuerno ella la taza
De sagrado licor derrama llena;
Y si, ornado el altar, favores pide,
La sacra ceremonia ella preside.

XIV.

Torna á iniciar con cada nueva aurora
Nueva fiesta. Con labios anhelantes
Su destino en las víctimas explora
Consultando las fibras palpitantes.
La ciencia del augur ¡oh cuánto ignora!
Ni ¿cuál rito sanó pechos amantes?
Consume fuego halagador la vida,
Fresca recata el corazon su herida.

XV.

Tal la Reina abrasada incierta gira:
Así tambien en la selvosa Creta
Algun vago pastor de léjos tira
A cierva incauta rápida saeta;
El, que clavó el arpon tal vez no mira;
Ella en bosques y valles huye inquieta,
Y en vano huyendo de librarse trata,
Que va con ella el dardo que la mata.

XVI.