Y ya á Enéas á ver los muros guia
Y primores le enseña por do viene;
Empezados proyectos le confía,
Va á hablar tal vez, y al pronto se detiene;
O ya en festines, en cayendo el dia,
Con preguntas, cual ántes, le entretiene;
Que lances torne á referir le agrada,
Y torna á oirle, de su voz colgada.

XVII.

Tambien á veces la infeliz, hallando
El semblante del héroe en su semblante,
Estrecha á Ascanio contra el seno blando,
Por si engañado Amor duerme un instante.
Y cuando todos se retiran, cuando
Su móvil faz, á trechos radïante,
Con velo funeral cubre la luna
Y se hunden las estrellas una á una;

XVIII.

Cuando todo á los vivos aconseja
Tomar descanso, en la desierta sala
Pasea sus congojas, y honda queja,
Consigo á solas, de su pecho exhala;
Ó en el lecho tal vez caer se deja
Que ocupó en el festin, y se regala
Con el amado, que al amado ausente
Presente le ve allí; le oye, le siente.

XIX.

Suspensa en tanto la comun tarea,
Ni en ejercicios de armas se solaza
La juventud, ni en concluir se emplea
Nadie ya el puerto, ni en murar la plaza:
No se alza más la torre gigantea;
Inconcluso, rüinas amenaza
Todo el muro, y la máquina que osa
Hasta el cielo empinarse, asombra ociosa.

XX.

La hija de Saturno, la que al lado
Reina de Jove, ha visto á la infelice;
Ve que al amor inmola ya el cuidado
De su fama, y á Vénus llega, y dice:
«Rica presa hijo y madre habeis logrado
Que una mujer la planta en red deslice
Que dos Dioses le armaron de concierto,
¡Es gran conquista y memorable, cierto!

XXI.