»Mal pudiera ignorar que sospechosas
Tú de Cartago las mansiones hallas;
Yo sé que en tus recelos no reposas
Cuando ves de Cartago las murallas.
Mas ¿no habrá fin á tan acerbas cosas?
¿Siempre hemos de reñir duras batallas?
Justo es ya que finquemos, si te place,
Eterna paz en venturoso enlace.
XXII.
»Cuanto pudo halagar tu fantasía,
Todo lo tienes á sabor cumplido:
Dido muere de amor: la llama impía
Cala y consume el corazon de Dido.
Que esta nacion rijamos tuya y mia
Con igual potestad, es lo que pido:
Dido al Troyano obedecer se vea;
Dote fiada á ti Cartago sea.»
XXIII.
Vénus, cual si no hubiese en sus razones
La mira penetrado traicionera
De llevar á las líbicas regiones
El reinado feliz que á Italia espera,
«Acojo,» respondió «lo que propones;
Que en vez de ello altercar, demencia fuera:
Falta sólo que el vínculo que dices
Efectos logre, cual prevés, felices.
XXIV.
»Yo, yo temo del Hado los arcanos;
Ni decir sé si Júpiter se paga
De que, uniéndose Tirios y Troyanos,
Solo un pueblo la union de entrambos haga.
Mas tú los pensamientos soberanos
Del mismo Jove suplicante indaga;
Que es derecho de esposa; y de consuno
Obraremos despues.» Respondió Juno:
XXV.
«Fíalo á mi prudencia, que lo aplaza
Para su tiempo. A lo que está primero
Por el pronto atendamos: con qué traza
Lograremos el fin, decirte quiero.
Salir han concertado al monte á caza
Dido y Enéas: que saldrán espero
Cuando el sol tienda desde la alta cumbre
Los primeros destellos de su lumbre.