»Yo, en viendo las garzotas de colores
Agitarse, y que empiezan la espesura
Con cuerdas á ceñir los cazadores,
Recia borrasca moveré en la altura,
El cielo en torno asordaré á rumores,
Granizo lanzaré de nube oscura;
Dispersos correrán, y á todos lados
Con ciega sombra toparán cerrados.

XXVII.

»Dido y el Rey de la troyana gente
En una gruta entónces á deseo
Reparo buscarán: seré presente,
Y haré, si tu favor cordial poseo,
Que á consorcio se obliguen permanente,
Y el juramento sellará Himeneo.»
Tal su ardid Juno expone á Vénus; y ésta
Sonrisa de adhesion dió por respuesta.

XXVIII.

Aurora en tanto de la mar salia
Hermosa: y redes ya de claros hilos
La alegre multitud trae á porfía,
Y lonas, y venablos de anchos filos:
A la vez llegan con sagaz jauría
A caballo los ágiles Masilos;
Y á Dido, que en la régia alcoba áun tarda,
Region florida en el umbral aguarda.

XXIX.

Soberbio de oro y grana, el campo huella,
Y espumoso un bridon tasca el bocado:
Ya ella sale á montarle, y va con ella
El juvenil cortejo alborozado.
Su clámide purpúrea franja bella
Pinta; es áureo el carcaj que lleva al lado;
La veste ciñe en áureo broche; en oro
Coge de sus cabellos el tesoro.

XXX.

Asoma ya la juventud troyana;
Gozoso llega Ascanio, Enéas llega
Radiante de hermosura soberana,
Y las bandas, cual príncipe, congrega.
No en gentileza ó majestad le gana
Apolo, cuando hurtándose á la vega
Del Janto, ó á la Licia envuelta en hielos,
Fiestas instaura en la materna Délos:

XXXI.