El señor G., caballero argentino, muy gentil, que con inteligente dedicación, administra el establecimiento, nos dispensa su más benévola acogida. Después del almuerzo pasamos a recorrer las diversas dependencias de la estancia. Nos llama la atención, en primer término, el monte umbroso y joven que espalda el edificio, y en donde una plantación de 7.000 árboles, da sombra y perfume y atempera la irascibilidad de los vientos: eucaliptus, álamos, ligustros, paraísos, moreras, acacias, pinos y plátanos, en razas promíscuas, se han reunido en civilizada floresta, prometiendo arraigarse y convivir. Y junto al monte de adorno y de reparo, se difunde el huerto de manzanos, durazneros, nísperos, perales...

Santa Catalina tiene una extensión de 6.600 hectáreas. El primer poblador de estos campos fué don Wilfredo B. (argentino), hace once años. La nueva estancia, data de siete años. Toda la superficie está subdividida en 46 potreros, con 17 molinos, con tanques australianos.

Actualmente el establecimiento posee un plantel de 400 vacas puras Durham, con ocho toros a galpón procedentes de Inglaterra y de grandes cabañas argentinas. Hay más de 5.000 novillos en los diversos potreros, hacienda que paulatinamente pasa a los frigoríficos La Blanca y La Plata, embarcada por las estaciones Agustoni y Mira Pampa.

El sistema de alimentación y las prescripciones higiénicas puestas en práctica con todo rigor, constituyen la base del éxito en las ventas, por excelencia de tipo y calidad. Rara vez se produce en frigoríficos el rechazo de un ejemplar de Santa Catalina, obteniéndose precios que oscilan entre 160 y 200 pesos, con densidades de 720 a 750 libras de carne limpia. Las haciendas a invernada son mantenidas con la variedad posible de forrajes, alternando alfalfa verde con seca y silo y avena o centeno, cosa de no fatigar al animal con una alimentación única. Los preceptos de la zootecnia hacen lo demás, utilizándose, al efecto, cómodos y modernos bretes para baños preservativos de sarna y de parásitos, y además, para la higiene, en la oportunidad del peleche. Los sementales vacunos son utilizados exclusivamente para el servicio del establecimiento. No se exponen ni se envían a certámenes ganaderos. Si exceden del número necesario, se venden, pero como excepción.

En yeguarizos, Santa Catalina se ha dedicado con especialidad a las razas oldemburguesa y bulonesa, a base, la primera, de puros importados de Alemania. Este tipo, según los técnicos, ha dado los mejores resultados en lo que se refiere a aguante, agilidad y presentación en el trote.

De tronco tan ponderativo, se han derivado dos ramas de gran significación, con las siguientes cruzas: 1.º, padre oldemburgués puro y madre 7/8 de carrera, hijas de Briceño y Cagliostro; 2.º, productos de la cruza anterior, como madres, y como padre, oldemburgués puro. He aquí los resultados: la primera cruza da el prototipo del caballo de oficial de ejército. Es decir, el caballo de carrera, más fornido, de cabeza pequeña y remos más cortos, pero más resistentes, buen cuerpo y especialmente pelo parejo y buena silla; aptos para saltos y marchas resistentes. La segunda cruza, da el caballo para oficial de ejército, del arma de artillería liviana, por tener más sangre oldemburguesa. Este producto es especial para trote. De cabeza chica, es elegante y fornido.

En lo que respecta al bulonés (raza francesa), tipo del percherón liviano, el establecimiento dedica constante atención, como medio de conseguir buenos ejemplares, en yeguas para las labores del campo. Las características del bulonés se individualizan por el cuerpo fornido y voluminoso y a la vez presteza en la acción. Son caballos especiales para la agricultura por su férrea complexión y gran consistencia y sirven, al propio tiempo, para tiros pesados y livianos. La cabeza es muy chica, tirando a árabe. Una particularidad especial de este tipo es que no tiene ranilla, condición ventajosa para el aseo y que pone al animal a recaudo de algunas dolencias en los vasos. Hay actualmente cerca de 5.000 yeguarizos en el campo, de ambas clases.

En lo que respecta al ganado lanar, se ha comenzado a cimentar la crianza con carneros Romney Marsch importados, consiguiendo, con varios cruzamientos, un espléndido plantel de ovejas puras de esta raza. Este tipo da lana excelente, es de mucho cuerpo y engorda con facilidad. Según la opinión del señor G., es el verdadero animal para frigorífico. Un borrego de diez meses da fácilmente 35 kilos de carne. Por borrego pelado del mismo tipo, se ha obtenido en venta hasta 17.60 pesos.

La industria lanar es incipiente en el establecimiento. Ocurre lo propio con la crianza de porcinos, destinados al consumo del establecimiento, salvo algún remanente que se ha dado a la venta. El tipo predilecto es Berkshire, cuyos capones de un año han alcanzado precios de 100 pesos cada uno, con un promedio de 220 kilos de peso en pie.

Como un deporte especial que condice con las predilecciones cinegéticas del señor G., la cabaña canina pone su nota original en el establecimiento. Los planteles, no tan numerosos como selectos, abarcan diversas razas, desde los mastines de San Bernardo hasta los ágiles fox-terrier. Descuellan con sus modalidades propias y tipos inconfundibles, los setters, galgos, pointers, belgas, de policía, etc.