Realicó, la población más septentrional de la Pampa, centro cortado en cruz por los ferrocarriles del Pacífico y del Oeste, está destinado a ser de una importancia excepcional una vez que se subdivida la tierra circunvecina. Sus prolegómenos fueron como la mayor parte de los pueblos pampeanos, erizados de dificultades. El pueblo tiene apenas diez años de vida y ya es un centro primoroso, sin la potencialidad de Pico, pero con muy brillantes perspectivas. Se fundó el 2 de marzo de 1907. La colonización de sus chacras vecinas data de 1903. Se ha seguido, pues, en este sistema de población, el orden correcto: primero los años de prueba, los cultivos, es decir el ensayo sobre los medios de vida de que dispone la comarca; después, la fundación del centro urbano.
Había en los comienzos de esta colonización un arraigado pesimismo que fué menester destruir poco a poco. Los agricultores santafecinos y del sur de Córdoba, no querían arriesgarse en el ensayo de aquellas tierras, conceptuadas malas, “a priori". La tosca, la arena, la escasez de pastos, la irregularidad de las lluvias, eran factores negativos, mentados de lejos y sin el conocimiento absoluto de la tierra. Había una especie de terror a una planta silvestre llamada alpataco, de corto tallo, que se difunde en raíces duras y que rompe las rejas del arado. A esta mala cizaña, se unía el olivillo y el tupe enseñoreado, también, de las praderas.
Destinados a ganarse la vida en campos tan ingratos y tan desacreditados por el prejuicio, los primeros agricultores se volvían a sus tierras del norte, sin intentar que la labor inteligente salvara los obstáculos. Después, los más tenaces, echaron de ver que las tierras eran de excelente calidad. El alpataco, con su raigambre infernal, sirvió de combustible, descuajado a fuerza de hacha, después de arar. Y, cosa rara, resultó que las tierras de alpataco fueron las más aptas para los cultivos de las gramináceas.
Los criadores de ovinos, corridos por la irrupción agrícola, se retiraron al oeste, no sin antes haber provocado el choque. De esta lucha de las dos corrientes industriales, la ganadería rudimentaria y la agricultura científica, resultaron las quemazones de campos, consecuencia de la derrota de una de ellas, al arriar sus majadas en busca de tierras vírgenes.
¿Qué ocurrió después? Que la colonia fué tomando incremento en forma halagadora, hasta no dejar un estadal de tierra sin cultivo.
Hoy este pueblo del norte está en marcha y en estado floreciente, merced a la difusión agrícola de su departamento. La tierra se subdivide en pequeñas propiedades, lo que importa un progreso regional que ha de hacerse sentir bien luego en la economía del departamento. He aquí un dato sugerente que nos proporciona el señor S., vecino de gran prestigio en Realicó y la zona del norte; Don Pedro V., arrendó en la cercanía de esta población 564 hectáreas de campo al precio de 6 pesos. Esta fracción tiene unas 60 hectáreas de monte. El primer año obtuvo buena cosecha. El segundo tuvo un rendimiento de 3.000 quintales que vendió entre 14 y 16 pesos. Este año agrícola ha sembrado 400 hectáreas con un rendimiento aproximado de 10 fanegas por hectárea—no hemos confirmado el dato.—Corolario de la prosperidad de este colono con buena estrella: que ha comprado el campo a la compañía Holando-Argentina a razón de 137 pesos la hectárea, pagándolo con el producto de sus cosechas.
Basta este detalle para pensar que fué ilusorio aquel pesimismo inicial y que no deben ser tan malas las tierras de alpataco...
De nuestra visita a Quemú-Quemú, hemos recogido la más óptima impresión. Es, sin duda, esta población una de las más progresistas de la Pampa, por la situación topográfica que ocupa en el territorio, la calidad de las tierras adyacentes y la difusión colonial que informa el incremento que ha tomado la agricultura.
Quemú-Quemú, fué fundado el 26 de julio de 1908, por el señor Carlos M. Madero, en campos de la señora Sara Unzué de Madero. Tiene actualmente en su planta urbana 3.500 habitantes y 3.000 en el perímetro de su departamento. La población está, como Pico, Realicó y Catriló, cruzada por dos vías férreas, el Pacífico y el Oeste. Esta circunstancia pone al departamento en condiciones inmejorables para propagar sus industrias rurales.