Están magníficos los perales y los almendreros. El duraznero no da los resultados apetecidos en la comarca. Vive cuatro o cinco años. A los dos produce fruta. Luego se achaparra y se muere. M. opina que es por la flojedad de la tierra. Los almendros sí que rinden y se vuelven viejos. De cuatro plantitas que tiene por vía de ensayo, ha recogido el año anterior cuatro bolsas de 45 kilos cada una.

Estos datos sencillos y veraces, son una comprobación de la excelencia agrológica del suelo para determinados cultivos. Nos despedimos de este simpático trabajador.

—Esto que usted ve—nos dice M. al cruzar la huerta llena de sombra, acompañándonos hasta nuestro coche—era un monte de caldenes cuando lo adquirí. Ahora hay viñas y perales. Pero créame, señor, no se ayuda el esfuerzo y a uno se le va, a veces, hasta el coraje de trabajar...

El viñedo de don Domingo L. es un parral elegante y cuidado. Parece un vergel. Se explica que medie más un propósito deportivo en cultivar esta plantación que en sacarle utilidad. L. es comerciante antiguo y goza de buena posición pecuniaria.

También sus sarmientos vinieron como los de M., de Mercedes. Predomina la uva moscatel aun cuando tiene un poco de francesa.

Este vecino, uno de los hombres más caracterizados y más antiguo de la población, tiene fe en el porvenir que le está reservado a la viticultura.

Otra de las quintas que merece mención especial es la de don Medardo B., vecina a la estación del ferrocarril y cuyo producto no sólo se relaciona con la viña y los árboles frutales, sino con las hortalizas. Es un cultivo este, donde su propietario ha puesto en práctica los procedimientos aconsejados por la tecnificación agrícola; y es por ello que la tierra remunera su labor con productos excepcionales.

VOCABULARIO

Hortelano. El que cultiva y cuida huertas.

Provecta. De mucha edad.