Terratenientes. Propietario de una gran extensión de campo.

EL OESTE LEJANO

Toda la zona oeste que arranca de Victorica está comprendida por establecimientos pastoriles, algunos de notoria importancia. Hasta Santa Isabel, treinta leguas al oeste, los campos están alambrados. Las condiciones agrológicas del suelo, son variadas. Donde el agua está próxima a la superficie, no tardan en arraigarse los alfalfares. Pero las napas son veleidosas y corren a profundidades de 3 a más de 100 metros. Y ocurre a menudo que en los campos donde el agua está más distante, la tierra, morena y blanca, es de condiciones excepcionales para cultivos.

Mucho más retirado, al sudoeste, la ganadería lanar se especifica en cruzas Rambouillet y Lincoln. Los prados artificiales son escasos. Se aprovechan las hondonadas para alfalfares, pues los terrenos altos son, por lo común, pedregosos.

La sección 20 letras B y C, está muy poblada con hacienda ovina. Lo propio ocurre con las secciones 10 y 15 del lado de Pichi-Mahuida. En la colonia de los puelches, a treinta y cinco leguas al oeste de General Acha, han mestizado sus ovejas. Tienen también sus moradores numerosos rebaños de cabras. Los pobladores aborígenes, últimos restos en el dominio secular, van retirándose para el Colorado y las cordilleras. La población de esta comarca central oeste es española, en general. Hay pocos italianos y algunos franceses. Los campos son regulares, a veces medanosos, pero en general, con buenos pastos. Sus ocupantes aseguran que pueden mantener 1.000 ovejas por legua; pero puede afirmarse, que bien explotados estos campos, dan un rendimiento muy superior, 1.000 lanares por legua es el resultado del aprovechamiento rutinario, sin aspiraciones y a la de Dios que es grande. En las proximidades del Salado o Desaguadero la tierra tiene precios que oscilan entre cinco y ocho pesos la hectárea. Los campos tienen, por lo común, montes de arilla, piquillín y alpataco.

Pero hablamos de tierras muy distintas de Telén y en el paralelo de General Acha. Volvamos a la región tributaria del oeste.

¿Precios de la tierra? Imposible fijarlos por el momento, dado la época anormal para esta clase de transacciones. Antes de la conflagración europea, la tierra de esta zona, de Telén afuera, tenía un valor de 30 a 40 pesos la hectárea. Estas mismas tierras se cotizan hoy con precios que oscilan entre 15 y 18 pesos; y entre 12 a 15, tratándose de terrenos alejados de las poblaciones. Pero estas cotizaciones, lógico es, no son definitivas. Desaparecidas las trabas que dificultan las operaciones en tierras, estos campos marcarán cotizaciones estimables. En nuestro concepto los capitalistas podrían emplear muy bien su dinero en adquisición de tierras en el oeste, en la seguridad de que con solo el repunte de los precios, que vendrá muy en breve, se realizarían pingües negocios. Por lo pronto, los arrendamientos han comenzado a subir, arguyendo los propietarios para fijar sus aumentos, la valorización de los productos de la ganadería y especialmente de las lanas.

En materia de caminos, no podemos, por desgracia, decir nada halagador. En general, son pésimos. Nada han hecho los gobiernos por mejorar la vialidad del oeste. Los convoyes con mercaderías que van a los centros y colonias retirados, desde Victorica y Telén, emplean por lo general, toda una semana en viaje redondo. Esta demora se debe, en parte, a los malos caminos. Los propietarios de campo, tan alejados de la fiscalización gubernativa, no cumplen con las prescripciones del código rural en lo que se relaciona con los caminos carreteros. Comúnmente cercan grandes extensiones de campo, sin abrir las tranqueras reglamentarias. De aquí que las distancias se hacen enormes y los viales quedan librados a sus malos pasos, sobre temibles médanos, quebradas fragosas, o encerrados entre interminables alambrados.

—Cuando tenga la Pampa un gobierno que se preocupe de sus intereses y se avoque a las necesidades de la zona del oeste—nos dice un vecino prestigioso de la comarca—es probable que los caminos continúen siendo malos, pero tenga seguro que las distancias serán mucho más cortas.

“La acción del gobierno—agrega—debe circunscribirse muy especialmente a satisfacer estas necesidades: extender sus líneas telegráficas; estimular el avance del ferrocarril, y mejorar la vialidad de la campaña.”