La política ferrocarrilera del país tiene analogía con la que se ha venido desarrollando en los Estados Unidos. El interés particular de las empresas ha hecho la obra. Y debemos confesar que lo ha hecho con tino, con prudencia, con clara visión, creando y fomentando el interés particular y el del Estado. Y es digno de mencionarse que en nuestro país no ha ocurrido el fracaso ostensible de tener que levantar rieles por improductibilidad de las líneas, espectáculo muy común en los Estados Unidos del Norte, cuando el capital invertido en un ferrocarril particular, no compensa las exigencias del interés. En estos últimos años son numerosos los pequeños ramales construídos en el territorio de la Pampa. Es un sistema original, a retazos, en crecimiento por yuxtaposición sobre las líneas matrices. Son los ramales leñateros destinados de inmediato a desmontar los predios boscosos allanando la tierra para la colonización y el poblado. Y ocurre, que como a renglón seguido de la explotación forestal, se apoderan las sementeras del campo desbrozado, el ramal, que fué una improvisación, se hace una necesidad para levantar las cosechas. Y la línea circunstancial, queda, en definitiva, ampliando a tramos, el gran sistema. Por este procedimiento—no hay que ponerlo en duda—irán las empresas conquistando el oeste, con su tejido de malla, buscando la leña para sus locomotoras y abriendo nuevos horizontes a las industrias rurales.

El desarrollo sorprendente de la Pampa, se difunde en forma tan decisiva hacia el interior, que tiene que provocarse lógicamente esta lucha de intereses entre las dos empresas: la una sirviendo la zona del Norte, con la cercanía de Buenos Aires; la otra, con su influencia distribuída en el sur y camino a los puertos de aguas hondas. Condiciones más o menos análogas, equilibran el prestigio y la acción de ambos ferrocarriles: el Oeste, con 740 kilómetros; el Pacífico, con 640. Las dos empresas se han dado cita en Toay, punto medio y equidistante del sistema pampeano. ¿A qué empresa le está reservada la travesía definitiva hasta la confluencia del Negro y el Limay, atravesando diagonalmente el territorio? Cuando esto ocurra, no sólo se habrá dado el paso más serio en la campaña civilizadora, sino que se habrá abierto a Buenos Aires una nueva ruta hacia Chile, evitando la comba del ferrocarril del Sur por Bahía Blanca, destinada, eso sí, a importantes servicios territoriales en Río Negro y Neuquén. Ya la línea del Sur ha ganado airosamente la frontera por Pino Hachado. El esfuerzo chileno tienta la combinación con su transversal por Temuco, como un nervio de su sistema medular, destinado a dar horizonte a sus puertos de Talcahuano y de Valdivia. Vemos, pues, que esta gran expansión al sudoeste, no sólo es de beneficio pampeano, sino que es de trascendencia nacional. No creemos que los resultados de este trasandino puedan ser de grandes ventajas para el comercio internacional. Tenemos el ejemplo evidente de la línea por Uspallata, sujeta a los accidentes geográficos y meteorológicos: cara, deficiente, tiránica, imposibilitada a veces, en su función por los temporales de invierno, al extremo de haberse vulgarizado en Chile—lo hemos leído en sus órganos de publicidad—la manifestación de que anteriormente con sus correos a mula estaban mejor servidos, por lo menos en la regularidad de la travesía y en el transporte de la correspondencia. Chile, con su línea por Temuco, a medio construir, tiene fe en abrirle un grandioso porvenir a su industria maderera. Ojalá no se equivoque. Mientras tanto, para nosotros, esta línea tendrá la importancia de un vínculo internacional.

La solución inmediata para el territorio pampeano, en lo que respecta al expandimiento de sus ferrovías, corresponderá a la competencia de las dos grandes empresas, competencia en tarifas, en servicios y en difusión. A medida que el Oeste avanza en líneas concéntricas sobre Buenos Aires, el Pacífico se desparrama en idéntica irradiación sobre Bahía Blanca. Y donde se cruzan, allí se entabla lucha de competencia. En cada intersección se pone en juego la prepotencia de los contendores. Se compite noblemente y se toman posiciones. No se dan tregua en el avance. Cada nuevo ramal se estira sobriamente pero sobre seguro. Y el primero que gane los campos semipoblados del occidente—es probable que esto ocurra dentro de muy breve plazo—afianzará sobre el esfuerzo inmediato el éxito más definitivo en el porvenir.

VOCABULARIO

Converge. De “converger” o “convergir”: dirigirse a un mismo punto dos o más líneas, dos o más corrientes comerciales.

Sectores. Zonas dependientes.

Intersección. El cruce de dos caminos, de dos ferrocarriles, etc.

Desbrozado. De “desbrozar”: quitar del campo los yuyos y malezas.

Tramos. Trecho. “A tramos”: por trechos sucesivos, poco a poco.

Análogas. Parecidas.