Fúlgida. Resplandeciente, brillante.

Rastrojo. El terreno cultivado después que se ha recogido la cosecha.

Pradería. Pedazo de prado muy fértil.

Troquel. Cuño, molde. En el caso presente, este vocablo tiene un sentido figurado y se refiere a la influencia primitiva y perdurable de la Pampa, bajo su aspecto de región con características propias.

UN TREN MADRUGADOR

Por el tren de las seis de la mañana, vía General Acha, hemos realizado nuestro viaje hasta Toay, en donde la línea del Pacífico combina con el Oeste, en amplia curva hacia Buenos Aires. No obstante frisar en septiembre, hace mucho frío. Los pasajeros—pocos—que vienen en el convoy, son en su mayoría agricultores que se van diseminando en los pueblos y estaciones del trayecto. Todo el mundo pasa al coche-comedor en tren de refacción mañanera. Bien arropados, con media cara escondida en la bufanda, establecemos en un rincón nuestro observatorio cerca del calorcito de la cocina. El sol se insinúa en el espacio anunciando un día primaveral. En las mesas próximas se han formado grupos de chacareros que hablan con calor de las perspectivas del año. No se necesita oír las conversaciones para penetrar en el franco optimismo de los circunstantes. Basta mirar la risueña esperanza de los campos...

A veces en una parada del tren llegan hasta nosotros diálogos interesantes:

—¿Esquiló, Apesteguía?

—Sí. Las ovejas que tengo en El Rincón. Es una puntita, nomás. Tenía compromiso de vender.

—¿Y a cómo?