Arbitrar. Ingeniarse para el tiempo necesario.

LOS AGRONOMOS

Gran parte de nuestro viaje por la Pampa lo hemos realizado en compañía de agrónomos de la Enseñanza Agrícola. Esta circunstancia nos ha dado coyuntura para apreciar de cerca la obra de los técnicos y los beneficios que reporta a la agricultura, cuando se desenvuelve en su acción regular. Para que la labor de los agrónomos regionales sea eficaz, debe ser de constante movilidad. Un territorio tan extenso como éste, en donde los problemas agrícolas son tan múltiples, reclama una consciente fiscalización técnica. La chacra experimental, puede llegar a una eficiente contribución en lo que se refiere a seleccionamiento, aclimatación y perfeccionamiento cultural de las sementeras. Pero esta estación de prueba, cuyos resultados definitivos tendrá que demorar un tiempo para incorporarse a la práctica regional, necesita de la obra comprobativa de los agrónomos, cuya labor debe ser de difusión y de consejo, sobre el surco, como quien dice, y no en la comodidad burocrática de la oficina.

El agrónomo regional debe connaturalizarse profundamente con la zona cuyos intereses ha de servir, vincularse al agricultor y seguir el proceso de sus cultivos.

Siendo variadas las condiciones climatéricas y la calidad geológica de los suelos en el territorio, se impone, sobre todas las cosas, la observación objetiva del técnico. Hay una gran diferencia entre el norte de la Pampa en donde las lluvias arrojan un promedio de 550 milímetros y el centro y sureste, donde el pluviómetro marca de 250 a 400 y el oeste, conceptuada zona seca con sus 250 milímetros escasos. La misma constitución arenosa generalizada en toda la extensión de la Pampa, tiene sus variantes fundamentales. Los terrenos recostados en la frontera de Córdoba, son de arena gruesa con escasa proporción de arcilla; tienen alguna diferencia los del lado de San Luis, livianos y permeables. El análisis de Lavenir (Pablo), sobre suelos de la Pampa, establece que en Bernasconi, Alvear, Trebolares, Larroudé, Macachín y Santa Rosa el porcentaje no llega en ningún caso al 7 %; en Toay y Trebolares, la tierra es más consistente con una proporción total de arena de 82 a 97 y más, %. En general, es mediana la riqueza en calcáreo, ázoe y humus. En cambio son ricas en ácido fosfórico y en potasa.

Ante la diversidad de componentes químicos y geológicos que definen zonas características, nada más eficaz para la buena enseñanza agrícola, que el conocimiento experimental y la objetividad. El agrónomo regional debe ser una cátedra ambulante, mentor y consejero, teórico y agricultor a la vez. Nuestro viaje nos ha dado oportunidad para apreciar la condición de esta labor. En cada pueblo donde se han detenido nuestros coches, la acción científica ha podido experimentar sobre elementos nuevos, dar orientaciones y enriquecer el caudal investigativo con la experiencia de los cultivadores.

—Venga—le dicen al agrónomo, en comisión, de Quehué, los chacareros de Unánue—a visitar nuestros trigos. Venga pronto... Han aparecido unas manchas azules en las hojas, que nos tienen alarmados. ¿Qué será?

Hemos podido observar que en general, los agricultores de profesión, creen estar muy por sobre los agrónomos, en la práctica de los cultivos. Mientras los trigos se desarrollan sin novedad, con el verde uniforme y magnífico, todo va bien. Discuten enfáticamente procedimientos de cultivos y hasta suelen recibir con hosquedad las conferencias didácticas. Su desconcierto es cuando algún azote patógeno sacude el trigal. ¡Entonces sí que acuden al agrónomo, ante la amarga perspectiva de malograr los afanes del año!

—La isoca me tiene mal, señor, muy mal... ¿qué debo hacer?

—Si los trigos están en condiciones de soportar—opinan algunos agrónomos—páseles la rastra y el rodillo. Y sea previsor para el año que viene: surque el linde del campo. Aisle la isoca, que la isoca es cobarde para cruzar al sol. Esto, como medida previa. Pero lo fundamental es conocer “de visu” el terreno donde se ha desarrollado la plaga. Un papal, por ejemplo, sufre la isoca, por invasión del predio vecino, porque está mal trabajada la tierra, o el estiércol no ha sido usado en condiciones de descomposición, como es lo pertinente. Es un caso de clínica que reclama la objetividad del agrónomo sobre todos los consejos.